Ir al contenido principal

  EL SOFÁ DE LOS HERMANOS MARX



El sofá de los Hermanos Marx

 

Seguramente no habrán visto esta película, pero les resultará familiar.

 Imaginen a los famosos hermanos empeñados en renovar el sofá de su casa.— ¡Ya va siendo hora de cambiar el chaise longue!—, un sofá salpicado de restos de pizza, ceniza de puro y algún que otro agujero del cabrón de Harpo.

—Pues nos vamos al IKEA, suelta Groucho.

—Genial, al Ikea, pues, asiente Chico

—¡Moc, moc, moc!, enfatiza Harpo, con su bocina.

 Solo que, en este caso, el sofá en cuestión, un tal Barslöv, les va a traer algún que otro dolor de cabeza.

 Seguramente, el día que Groucho, Harpo y Chico acompañaron al pobre de Zeppo al Ikea de Badalona, no contaban con que, por arte de magia circense, los dependientes amarillos les superarían en todo. En especial, una joven rubia que se afanaba por acabar el último pedido de una familia de peruanos.

 —Siguiente, por favor.

—¡BUENAS TARDES CABALLERA!, le grita Groucho, sacándose el sombrero e inclinándose efusivamente tres veces. Me presento: Soy Otis B. Driftwood, y usted no. Quisiera un sofá. Un sofá enorme. Con Chaise Long de colorines —Es lo menos que puedo esperar de un sitio como éste, ¿no cree?

—No haga caso, señorita, mi socio sólo necesita un sofá de tres plazas, con Chaise Longue, da igual que sea gris marengo que rojo escarlata —precisa Chico, mientras Harpo le pellizca el culo y hace sonar la bocina: ¡Moc, moc!

 —Ya veo, caballeros. Déjenme ver. Tenemos este en oferta, el Friheten, que además es sofá cama… (Harpo dice que sí muy sonriente) …

—Demasiado frito, necesitamos algo en crudo. (Harpo muestra decepción)

 —Pues este Bollstanäs les iría de perlas…

—Está usted de broma, señorita? ¡Que ultraje! ¿Dónde está el libro de reclamaciones?

 —Calma Sr. Driftwood, aquí tenemos el Barslöv, como verá, es elegante.

—Hummm… De acuerdo. Pónganos el Barslöv, — suena a ópera de Viena o a villano de los Cárpatos—.

—¿Se lo van a llevar ustedes mismos o se lo enviamos a su domicilio?

—¿Tengo cara de transportista, madame? Por supuesto que nos lo envían. Y envuelto para regalo con cinta de cachemir, ¡faltaría más! Y además se llevarán el cadáver.

—¿Cómo dice?

—Se refiere al sofá viejo.

—Ah, claro por supuesto. Eso tendrá un coste extra. Les imprimiré la factura.

—Socio, compruebe las condiciones legales.

—Voy. Veamos:  la parte contratante de la primera parte…

—Perfecto. Parece estar todo en orden. Envíen a los transportistas la semana que viene. A sus pies, caballera.

 A la semana siguiente, el transportista Otil y su compañero Joseph Leak,  suben el sofá convenientemente envuelto por piezas a su cuartel general,  una habitación de tres metros por cuatro, en Meridien City. Una vez en el rellano, llaman al timbre.

 —¿Otis B. Driftwood?

—¿Quién pregunta? Si es del departamento del fisco, no está. Marchó hace meses.

 —Transportista del IKEA, traemos un sofá.

—¡” I KÉ Ace” ahí parado, hombre de dios, pase, pase... ¿Una galleta le apetece?—Harpo está comiendo un paquete de María Fontaneda encima del viejo sofá, de pié, subiéndose y bajándose de él, con los zapatos puestos. De pronto le suelta un bocinazo en toda la oreja al Sr. Otil.

—Oigan, si el sofá no está desmontado no nos lo llevamos.

—Disculpe, buen hombre, ¿me está diciendo que no se llevan el sofá viejo? La señorita yellow charm, nos indicó que lo retirarían. ¡Válgame el cielo, que despropósito!

—Yo sólo vengo a dejarle el nuevo, caballero. Firme aquí.

Mientras el operario introduce una caja, Harpo le rodea y le saca la anterior. Son tres cajas, pero el operario ha entrado siete. ¡Ya baasta!

 Con la habitación llena del nuevo sofá en piezas y el viejo, puesto en pie contra la pared, el Servicio de Atención al Cliente ignora hasta en tres ocasiones las reclamaciones del Sr. Driftwood, y finalmente  han de deshacerse ellos mismos del “cadáver”.

 Cuando montan el Barslöv, finalmente, un agujero del tamaño de una pelota de golf aparece debajo del Chaise Longue.

—No se preocupe Sr. Driftwood, la semana que viene le entregaremos solamente la pieza que les falta del sofá.

—Más le vale, si no quiere que les demande, señorita.

 Nuevamente, Otil y Joseph aparecen transportando un nuevo set COMPLETO del sofá, pero como el anterior está montado, no se lo quieren llevar, y le dejan OTRO sofá completo, a piezas, dentro de la diminuta habitación de hotel.

 El resto es historia. El Sr. Driftwood convoca al consejo de administración  de su empresa, con 35 consejeros y los reúne en la habitación, mientras Harpo los empuja, uno a uno hasta que caben todos.

 —Sr. Driftwood, tiene una llamada.

—¿Quién es?

—Llaman de Ikea.

 Pues voy a hacerme el sueco.

 


Comentarios

Entradas populares de este blog

EL TURIFERARIO

 El Turiferario. Año de Nuestro Señor de 1582. 4 de octubre. Salió como alma que lleva el diablo por la Puerta del Infierno. Bueno, casi literalmente. Lo de la puerta viene a cuento porque es así como designaron a uno de los cinco majestuosos umbrales que dan entrada —y en este caso también, “salida”— a otras tantas naves de la Catedral de Santa María de Toledo. Construida encima de una antigua mezquita, como era costumbre a principios del XIII en el interminable “tuya-mía” entre moros y cristianos, se irguió durante los tres siglos siguientes como la capital religiosa del cristianismo español. El que huía era, de nuevo, Guillermo, el turiferario. Un chaval de no más de 13 años, octavo hijo y póstumo de Doña Isabel, viuda de Don Rafael de Atienza, médico de pro, que fue víctima dos años atrás de las fiebres que azotaron al populacho del virreinato de ultramar. Sus restos descansaban bajo el suelo de la Capilla Mozárabe con una inscripción esculpida que rezaba así: «Aquí yace Don ...

EL ALMA DE UN BIT

  FRANCIS SNYDER (BETTY) HOLBERTON   EL ALMA DE UN BIT.     ---Buenos días.  -Buenos días, adelante, pase. Siéntese, por favor.  ---Matisonn, del Washington Post.  -Mucho gusto. ¿Puedo ofrecerle un café, un té, … un whisky, quizá?  --- ¡Oh!, no, no, gracias. Ha sido muy amable al concederme esta entrevista. Espero no importunarla demasiado. Sé que está recibiendo muchas visitas de otros compañeros de la prensa y la televisión, así que intentaré no molestarla demasiado.  -No se preocupe, joven. Usted dirá…  ---Sra. Holberton, ¿Puedo llamarla Betty?  -Por supuesto, dígame.  ---Si no le importa, tomaré algunas notas...  -Está bien. Adelante.  ---Veamos: ¿por dónde empiezo? ...tengo entendido que acaba de recibir el premio Ada Lovelace de la Asociación de Mujeres en Informática, y me preguntaba qué tanto ha significado para usted dicho reconocimiento, y si podría decirse que también serían me...