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Mostrando entradas de octubre, 2026
  EL GUÁ   CHIVA Al Yoni le decía su madre, cuando era niño, que tenía que leer más y dejar de una vez las bolas de vidrio que atesoraba en un pequeño saco de piel que siempre llevaba consigo. Que eso eran zarandajas y que nunca llegaría a ser un hombre de provecho. Ni idea de qué narices podía significar eso. El enano pasaba todas las tardes con la pandilla de su calle jugando y apostándose la bolsa de canicas de colores. Tardes solamente interrumpidas por la hora del bocadillo. A la voz en grito de «¡a merendar!», corrían todos a su puerta sin excepción, llenos de churretes y sudando a más no poder. Y donde comía uno, comían cinco. Con una perra gorda, por si acaso perdía todas las bolas y había que recomprar alguna, una cuerda de esparto como refuerzo de sus raídos pantalones y un gorro de lana cubriéndole la cocorota, contaba después de cada partida el botín reunido y se llenaba los bolsillos con el preciado tesoro, regresando al atardecer, hecho un pequeño bróker ...